jueves, 3 de febrero de 2011

La memoria

Pasó muy poco tiempo antes que mi poder se expandiese y me volviese el temor de mis hermanos; batalla tras batalla; muerte tras muerte. El destino conllevó a una batalla final. El destino, quien nos tornó hermanos en aquel lugar, cuando éramos huérfanos de batalla; aquel quien nos bendijo con el tiempo, fue quien decidió que nuestro lazo se rompiera en el mismo lugar donde prometimos estar siempre juntos. Altrust. El recinto de gloria nos recibió. Aún seguía inmaculado desde que lo dejamos, ni siquiera mi poder parecía haberlo afectado: ese jardín donde jugábamos y pasamos aventuras, donde recibimos el consuelo después de la pérdida de nuestros seres queridos en batalla, aquel lugar, en donde los elementos se habían encargado de regalar al hombre la belleza de la naturaleza, sería ese día nuestro campo de batalla…
La batalla era inevitable, Altrust estaba rodeado, podía divisar por el norte en estado de alianza a Aquos, Pyrus y Terran mientras que yo rodeaba la parte sur con mi propio ejército. En ejército éramos muchos menos, quizás miles; sin embargo, su ejército triplicaba  a los míos…
La batalla comenzó al atardecer, no obstante, mis hermanos no estaban con su ejército. Asumí que debían de estar esperándome en lo alto de las montañas Altrust. Me dirigí hacia ese lugar sintiendo como mi corazón dejaba de latir poco a poco, sentí que no me importaba lo que sucedía. Cuando llegue a aquellas montañas corroboré mi pensar, ellos me estaban esperando…
La distancia entre mis hermanos y yo marcaba el temor. El atardecer anunciaba la ruptura de un pacto, el silencio era el grito de los caídos, y la lluvia, el llanto de Dios. Los tres portaban sus armaduras; adelante estaba Leitan, aquél que recibió la bendición del agua, llamado el piadoso y justo, siempre me impresionaba lo alegre que podía estar ante las dificultades de la vida, pero en aquel entonces su rostro marcaba una seriedad imponente. A su lado derecho estaba Nate, el menor de los hermanos, quien fue bendecido por la tierra, el niño de todos, con aquella fortaleza que lo marcó desde pequeño, en esta ocasión esos ojos marrones marcaban furia y dolor, la impotencia de no poder hacer nada  irradiaba de sus puños cerrados, y; finalmente, detrás de ellos estaba Brander, quien me seguía en edad, menor que yo por meses, bendecido por el fuego, aclamado como el Guerrero por su perseverancia, era intachable y su paciencia casi tan similar a la mía…
Mis ojos chocaban con los ojos marrones de Brander, sus ojos parecían buscar las respuestas de mi conducta, su rostro tan calmado no mostraba ni enojo ni furia; al igual que yo, él era muy serio. A veces solía sonreír igual que Leitan, pero en esta ocasión  su rostro mostraba respeto; sus brazos cruzados, calma; mas yo sabía que estaba listo para luchar…
La  falta de control de Nate fue el comienzo de la lucha: Nate rápidamente intento acertarme un golpe; sin embargo yo era mucho más rápido de lo que nunca fui, logre esquivar el ataque y a la vez lanzarlo hacia una montaña. En respaldo, Leitan intentó conjurar algo, siendo él el más habilidoso en conjuros, logré acertarle un golpe en el pecho - lanzándolo hacia atrás – impidiendo que terminara el conjuro…
Brander seguía  sin moverse, con la misma actitud; fue cuando, de repente,  me alejé de ellos a una distancia prudente y  con un movimiento de mi mano logré despejar el cielo. Mi plan  comenzaría en ese momento: para poder mantener el poder del Vuelo Negro y poder romper la bendición de los elementos, la cual nos hacia iguales en poder  a mis hermanos y  a mí, debía de lograr alcanzar un nuevo poder; y yo sabía la solución. Tomé mi Lanza  y en un segundo de silencio, apuntando al cielo, ocasione un eclipse. El terror de mis hermanos era notorio, ellos sabían lo que haría, pero ninguno podía detenerme… corté el eclipse…
Aquella oscuridad propia de él, se desbordó hacia el cielo y la tierra, tomó el control de todos y cada uno de los pueblos; las criaturas y los hombres recordarían a partir de ese día quien es su nuevo dueño, quien es su nuevo rey…
Al romper el eclipse logré que el sello elemental que servía al sol y la luna, dejara de existir. A partir de ahora  el Vuelo Negro sería libre  para siempre. Toda criatura me serviría  a partir de ese momento, no existirían más guerras, no habría más dolor,  todos seguirían tan solo mi ideal. Tan solo un  camino existiría.
En el proceso sentía como aquella oscuridad invadía mi cuerpo pero no podía corromperme, era extraño sin duda, pero mi arma se vio alterada; su forma de lanza se tornó en guadaña, emanaba un poder como ninguno y la nombre “La Reaper”.
El horror de mis hermanos se transformó en odio; sin embargo el rostro de Brander aún permanecía impávido. Leitan y Nate  me rodearon con sus ojos manantes de furia. Tan solo era la señal de que habían perdido el control, “Una criatura que se basa en sus emociones, en un enfrentamiento es tan solo un  animal, siempre he pensado eso y siempre me causó fastidio;  con tan solo pensarlo creé dos clones míos; cada uno se abalanzo hacia ellos y desaparecieron en el aire…
Mientras yo me quedaba con Brander, mis clones se encargarían de mis hermanos, quienes fueron transportados a diferentes zonas. Con el primer clon llevé a Leitan a las islas Craos  en medio del Mar del Sur, aquel enfrentamiento comenzó con tanta prisa; Leitan, quien podía caminar  sobre el agua, se coloco en el agua y  dándole forma de dragón a esta, me la lanzó. Dado que yo podía volar, me alejé hacia el cielo y,  levantando mi mano de abajo hacia arriba, lancé una gran energía de viento que impactó sobre él; Leitan apareció atrás mío y me sujetó por la espalda, luego un pilar de agua nos envolvió  y caímos hacia el mar.
En las profundidades del mar, el poder de Leitan se incrementaba mientras que  para mí era muy dificultoso luchar  sin viento; sin embargo, ese juego de niños tenía que acabar. Tomé el control de la batalla cuando usé El Gran Vuelo, ocasionando que una inmensa cantidad de agua, en la zona donde estábamos, saliera disparada hacia el cielo; con rapidez salí volando… lo busqué en el mar y luego, prácticamente, impacté en él. Lo tomé del pecho y  usé El Cero Absoluto, una técnica que, para sorpresa de mi hermano, yo había aprendido.
El Cero Absoluto congeló a mi hermano dentro de un cristal; antes de que el clon se desvaneciera miré cara a cara a mi hermano, y comprobé que poco a poco mis deseos me gobernarían; luego  el hielo  se expandió y congeló todo a su paso, desde entonces el Mar del Sur  ha estado congelado…

El segundo clon  llevo a Nate al Bosque de las  ninfas. Nate sometido por su furia y confusión buscaba atinarme un golpe, pero el simple hecho de ser él lo incapacitaba para siquiera llevar a cabo una batalla digna de guerreros de nuestro nivel. En una oportunidad, llevado por su ira,  logró tumbarme hacia el suelo, como cuando éramos niños y jugábamos, sus ojos buscaban una respuesta, pero su puño levantado  buscaba venganza. “¿Por qué?” aquella pregunta aún lo convertía en un guerrero. Mi respuesta quizás no fue la más lógica para él: “Aun te falta mucho por entender”. Aquellas dos frases  fueron el inicio y el fin de  lo que podría ser un intento de recuperarme;  sin embargo, No podemos cambiar lo que somos, simplemente debemos avanzar.
En ese momento, Nate se levantó y tomó distancia de mí; aunque la prudencia no era una de sus virtudes, parecía ser que al fin comprendía esto. Nate, en un intento de tranquilidad,  se dispuso a luchar. Yo, aunque sentía que algo dentro de mí decía que no lo hiciera,  luche contra él, pudimos haber luchado usando nuestros poderes, pero no fue hasta el final cuando él uso “Nova Titán”.
Esa técnica tenía la capacidad de destruir un continente entero; no obstante, él todavía no la había perfeccionado, pero aún en ese estado sería capaz de causar un daño incalculable  al bosque. La técnica fue lanzada y parecía que por un lado sentía dolor por causarle daño a mi hermano, pero por otro sentía  que un placer por verlo caer me invadía poco a poco.
Cuando la técnica, que parecía tragarse el suelo y pulverizar todo a su paso,  estaba a punto de impactar conmigo,  mi cuerpo parecía no obedecerme y bajo su mismo control lo encaró, “Alas Dragón”. Aquel bosque fue despedazado por el choque de las técnicas.
En el suelo, Nate con su armadura en sangrentada  apenas podía moverse; no obstante, se levanto, esa insistencia pudo haber sido su ultimo error de no ser que el instante en el cual mi puño atravesaría su corazón, un recuerdo volvió a mi mente…
Ese vago recuerdo de cuando éramos niños, cuando la guerra comenzó  y nuestros caminos se cruzaron, él estaba enfermo  y yo  cuidaba de él… Sin embargo, podía sentir el latido de La Reaper, que poco a poco me consumía.
Nate con su puño ensangrentado se dirigió a mí, mi rostro  se torno serio después de aquel recuerdo, su puño choco con la palma de mi mano, sujetando su puño y levantando mis alas como una ave que caza a su presa,  hice que el viento girará alrededor nuestro, un tornado como el que nunca has visto  se tragaba todo a su paso. Cuando abrí mis ojos,  todo el campo era un desierto, la muerte misma había desolado la vida de aquel bosque y  el corazón del nuevo  terreno era  mi hermano cristalizado, un monumento para quien desafió a su hermano y un monumento para probar  que nada ni nadie podrían vencerme. Mis sentimientos aun  gobernaban mi voluntad, pero sentía como cada vez  estos sentimientos desaparecían…

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