El frio parecía expandirse a lo largo de aquel pueblo, el único rastro de luz parecía hallarse en los pocos faroles que tenían ciertas casas a lo largo del bosque, el cielo estrellado estaba gobernado por la luna más hermosa que se había visto en aquel bosque. Los únicos invasores del reinado del silencio aquella noche eran el viento que golpeaba cada pequeña choza del pueblo y un muchacho lloroso.
Él era un chico delgado de cabello negro con una cara manchada por lodo, sus brazos temblaban y sus piernas parecían romperse con el viento; sus manos sujetaban con tanta fuerza un cuchillo y de aquella impotencia gotas de sangre surgían, aquel niño sentado en un rincón de aquella casa parecía sin duda desear la misma muerte.
-¿Qué haces aquí solo?- dijo una voz calmada, un muchacho salió de aquella casa se sentó al costado del otro muchacho y mirando el cielo esperaba la respuesta.
-Nada- contestó el niño girando su cara para evitar que viese sus lágrimas.
- Keith, a veces cuando veo las estrellas pienso que algo me mira, cuando miro la luna siento que hay algo más allá de aquí, nunca has sentido que a veces nacemos para algo más que lo aparentemente somos. En fin me gustaría que pudieras ver lo mismo que yo quizás así entenderías que no hay necesidad de que me odies por creer que debes ser igual o mejor que yo- dijo el otro joven.
- Algún día seré más fuerte que tú, Aios - dijo Keith.
Aios se levanto y se dirigió a la casa, aquella conversación parecía haber llegado a su fin cuando la oscuridad consumió los últimos faroles del pueblo, el viento parecía acompañar el paso de aquel joven. (“Eres muy pequeño para entender ciertas cosas” dijo Aios “Sin embargo, debes entender que a veces tienes que elegir tu camino.”) Tomo la lámpara apagada que se encontró en la entrada y entró a la habitación.
Mientras Keith miraba el cielo intentando entender el porqué de todo, buscando consuelo en las casi inobservables estrellas que se apagan con una densa neblina. El silencio se apodero de todo inclusive de los llantos de aquel niño hasta que las palabras de dolor brotaron de aquel mismo “Te odio, Aios”-susurro Keith sujetando fuertemente el cuchillo que tenía en la mano y lanzándolo hacia el suelo.
Entre sus sueños Keith despertó y pudo sentir que algo no andaba bien, había demasiado silencio para ser de mañana. Keith se dirigió hacia el cuarto de su padre pero pudo notar que él no estaba ahí “Debe haber ido a trabajar temprano como siempre” pensó Keith.
Al salir de la habitación pudo notar que el ambiente esta diferente, entre sus pasos desnudos pudo ver que el cielo estaba oscuro sus ojos se deslumbraron al ver tremendo espectáculo en el cielo, un eclipse el primero que había visto en toda su vida; a pesar del frio que cubría el bosque entero y en las condiciones en las que se encontraba, descalzo y con apenas unos trapos encima; aquella hermosa imagen parecía atraparlo dejando todo tipo de estimulo de lado.
Fue cuando caminando, sin bajar la mirada, sus fríos pies se mojaron en un momento el asombro se convirtió en terror. Sus pies manchados de sangre eran el inicio de un camino plagado de muerte por aquellos que en su momento vivieron con él. Los cuerpos, en su gran mayoría, estaban desgarrados como si el mismo viento los hubiese sujetado, si bien pudiese haber cuerpos descuartizados por el propio efecto del viento, no los hubo. Aterrado corrió hacia el bosque siguiendo el rastro de sangre, su miedo fue apropiadamente opacado por su curiosidad, fue cuando de repente escucho una conversación en lo profundo del bosque, con cautela Keith se acercaba, “Debo encontrar a mi padre y mi hermano y salir de aquí” pensaba Keith, intentando pensar un plan a la vez que luchaba con el miedo que se apoderaba de él.
“No lo mates, no seas tonto nos puede servir, ahora que hemos regresado nuestro señor necesitara más reclutas, además es sorprendente que este humano posea un espíritu después de La ruptura elemental” escucho Keith en lo profundo del bosque, mientras se internaba en él.
“Debemos regresar, Zokram, no hemos encontrado nada y según las ordenes de nuestro señor todo ser viviente ha sido exterminado” volvió a escuchar aunque en esta ocasión la voz era mucho más madura que la anterior.
Keith sabía que si se mostraba podría ser su fin, fue cuando de repente detrás de él una presencia surgió. El aire se tornaba mucho más frio de lo que ya era, en un estado prácticamente perturbado Keith se dio media vuelta. Frente a él un joven aparentemente mayor que él lo observaba, a simple vista cuatro o cinco años mayor, su armadura negra parecía absorber cualquier rastro de luz incluso su piel blanca parecía desaparecer en ella misma, en sus manos sostenía su casco y su cabello negro y su rostro irrumpían el terror de aquella noche por una seriedad plena; sus ojos negros se posaron sobre Keith.
- ¿Qué haces aquí?- pregunto el joven de la manera más fría y con un tono de fastidio.
- ¿Me vas a matar?- preguntó Keith intentando sujetar con su mano temblorosa algo del suelo con lo cual pudiese defenderse.
El joven se inclinó y colocando su mano en la cabeza de Keith, miraba fijamente los ojos aterrorizados de Keith, luego sujetándolo del pecho, sus alas se extendieron, en un breve lapso los ojos ahora hipnotizados de Keith despertaron. Ambos se encontraban descendiendo sobre lo que eran ruinas, de un momento a otro el joven caballero lanzó a Keith al suelo.
- ¿Dónde estoy? ¿Qué hago acá?- pregunto desconcertado Keith quien no entendía lo ocurrido mientras aquel joven guerrero tomaba vuelo y desaparecía en la oscuridad del eclipse. La incertidumbre y los diversos sucesos parecían cobrarle tiempo a Keith quien todavía parecía no creer lo sucedido...
