martes, 22 de febrero de 2011

El despertar

El frio parecía expandirse a lo largo de aquel pueblo, el único rastro de luz parecía hallarse en los pocos faroles que tenían ciertas  casas a lo largo del bosque, el cielo estrellado estaba gobernado por la luna más hermosa que se había visto en aquel bosque. Los únicos invasores del reinado del silencio aquella noche eran el viento que golpeaba cada pequeña choza del pueblo y un muchacho lloroso.
Él era un chico delgado de cabello negro con una cara manchada por lodo, sus brazos temblaban y sus piernas parecían  romperse con el viento;  sus manos sujetaban   con tanta fuerza un cuchillo y de aquella impotencia gotas de sangre surgían, aquel niño sentado en un rincón de aquella casa parecía  sin  duda  desear la misma muerte.
-¿Qué haces aquí solo?- dijo una voz calmada, un muchacho salió de aquella casa  se sentó al costado del otro muchacho  y  mirando el cielo  esperaba la respuesta.
-Nada- contestó el niño girando su cara  para evitar que viese sus lágrimas.
- Keith,  a veces cuando veo las estrellas pienso que algo me mira, cuando miro la luna siento que hay algo más allá de aquí,  nunca has sentido que a veces nacemos para algo más que lo aparentemente  somos. En fin me gustaría que pudieras ver lo mismo que yo quizás así entenderías que  no hay necesidad de que me odies por creer que debes ser igual o mejor que yo- dijo el otro joven.
- Algún día seré más fuerte que tú, Aios -  dijo Keith.
Aios se levanto y se dirigió a la casa, aquella conversación parecía haber llegado a su fin cuando la oscuridad  consumió  los últimos faroles del pueblo,  el viento parecía acompañar el paso de aquel joven.  (“Eres muy pequeño para entender ciertas cosas” dijo Aios “Sin embargo, debes entender que  a veces tienes que elegir tu camino.”) Tomo la lámpara apagada que se encontró en la entrada y entró a la habitación.
Mientras Keith miraba el cielo intentando entender el porqué de todo,  buscando consuelo en las casi inobservables estrellas que se apagan con una densa neblina. El silencio se apodero de todo inclusive de los llantos de aquel niño hasta que las palabras de dolor brotaron de aquel mismo “Te odio, Aios”-susurro Keith sujetando fuertemente el cuchillo que tenía en la mano y lanzándolo hacia el suelo.
Entre sus sueños Keith despertó  y pudo sentir que algo no andaba bien, había demasiado silencio para  ser de mañana. Keith se dirigió hacia el cuarto de su padre pero pudo notar que él no estaba ahí “Debe haber ido a trabajar temprano como siempre” pensó Keith.
Al salir de la habitación pudo notar que el ambiente esta diferente, entre sus pasos  desnudos pudo ver que el cielo estaba oscuro  sus ojos se deslumbraron al ver tremendo espectáculo en el cielo, un eclipse  el primero que había visto en toda su vida; a pesar del frio que cubría el bosque entero y en las condiciones en las que se encontraba, descalzo y  con apenas unos trapos encima; aquella hermosa imagen parecía atraparlo  dejando todo tipo de estimulo  de lado.
Fue cuando  caminando,  sin bajar la mirada, sus fríos pies se mojaron en un momento  el asombro se convirtió en terror. Sus pies manchados de sangre eran el inicio de un camino plagado de muerte por aquellos que en su momento vivieron con él. Los cuerpos, en su gran mayoría, estaban desgarrados como si el mismo viento  los hubiese sujetado, si bien  pudiese haber cuerpos descuartizados por el propio efecto del viento, no los hubo. Aterrado corrió hacia el bosque siguiendo el rastro de sangre, su miedo fue apropiadamente opacado por su  curiosidad, fue cuando de repente escucho una conversación en lo profundo del bosque, con cautela  Keith  se acercaba, “Debo encontrar a mi padre y mi hermano y salir de aquí” pensaba  Keith, intentando pensar un plan a la vez que luchaba con el miedo que se apoderaba de él.
“No lo mates, no seas tonto nos puede servir, ahora que hemos regresado nuestro señor necesitara más reclutas, además es sorprendente que este humano posea un espíritu después de La ruptura elemental” escucho Keith en lo profundo del bosque, mientras se internaba en él.
“Debemos regresar, Zokram, no hemos encontrado nada y según las ordenes de nuestro señor todo ser viviente ha sido exterminado” volvió a escuchar aunque en esta ocasión la voz era mucho más madura que la anterior.
Keith sabía que si se mostraba podría ser su fin,  fue cuando de repente detrás de él una presencia surgió. El aire se tornaba mucho más frio de lo que ya era, en un estado prácticamente perturbado Keith se dio media vuelta. Frente a él un joven aparentemente mayor que él lo observaba, a simple vista  cuatro o cinco años mayor, su armadura  negra parecía  absorber cualquier rastro de luz  incluso  su piel blanca parecía desaparecer en ella misma, en sus manos sostenía su casco  y su cabello negro  y su rostro  irrumpían el terror de aquella noche por una seriedad plena; sus ojos negros se posaron sobre Keith.
- ¿Qué haces aquí?- pregunto el joven de la manera más fría y con un tono de fastidio.
- ¿Me vas a matar?- preguntó Keith  intentando sujetar con su mano temblorosa algo del suelo con lo cual pudiese defenderse.
El joven se inclinó y colocando su mano en la cabeza de Keith, miraba fijamente los ojos aterrorizados de Keith, luego sujetándolo del pecho, sus alas se extendieron, en un breve lapso los ojos ahora hipnotizados de Keith despertaron. Ambos se encontraban descendiendo sobre lo que eran ruinas, de un momento a otro el joven caballero lanzó a Keith al suelo.
- ¿Dónde estoy? ¿Qué hago acá?- pregunto desconcertado Keith quien no entendía lo ocurrido mientras aquel joven guerrero tomaba vuelo y desaparecía en la oscuridad del eclipse. La incertidumbre y los diversos sucesos  parecían cobrarle tiempo a Keith quien todavía parecía no creer lo sucedido...

miércoles, 9 de febrero de 2011

La memoria

Brander, quien aún se mantenía firme, se encontraba parado en el mismo risco desde que la batalla había empezado; pero algo era distinto en él…
Todavía recuerdo  aquella conversación entre los hijos del sol y la luna; Brander me cuestionaba si era esto lo que quería, si acaso la gnosis había desaparecido en mí…; no dudé en responderle: “La única razón por la cual luchamos es porque nos alejamos de aquello que debemos proteger, la razón es que tarde o temprano uno de los cuatro terminará colocando sus intereses sobre los otros y quizás esta batalla es la única solución”…
En ese momento nuestras miradas lograron encontrar la respuesta… “Perdóname” –me dijo Brander con un tono de voz muy entristecido-. Le contesté que  era demasiado tarde para recuperar un lazo que se había roto. A lo que él me contestó: “Siendo el mayor de ellos tres, yo debí haber precavido esto; sin embargo, al igual que ellos, tan solo me dediqué a  actuar como rey y no como tu hermano. Sé que esto no cambiará esta guerra y sé que nada hará que te detengas, pero no solo soy tu hermano, también soy un guerrero y, en este caso, el único que puede detenerte”…
Aquella batalla fue diferente de las que tuve con Leitan y Nate. Brander  había superado aquellas limitaciones que los cuatro estábamos llamados a vencer para poder alcanzar la gnosis. A diferencia mía, quien fui bendecido con ella desde el día en que nací, Brander siempre se ocupaba de desarrollarla pues él sabía que era la única forma de alcanzarme. De la misma manera, yo tuve que esforzarme siempre en aprender el arte de ser un guerrero, lo cual Brander dominaba a la perfección desde pequeño…
Esa relación de competencia fue, en ese momento, la que decidió cuál de los dos sería el ganador…
Ambos, con un movimiento,  convocamos a nuestras esencias, la tierra y el cielo se estremecieron; sobre el cielo  dos círculos de invocaciones surgieron. Dos de las cuatro Bestias Sagradas  fueron llamadas al campo para luchar entre sí… dos de las criaturas más poderosas se encontraban amenazando la existencia de cualquier ser viviente a su paso. Xile, el dragón del norte, “El colmillo del viento” y  Aros, el fénix del  oeste, “Los ojos del fuego”. El rugido de Xile interrumpió el silencio y el brillo de Aros iluminó la profunda oscuridad…
La batalla comenzó. Brander desenvainó su Flamenger  ataque tras ataque, gotas de sangre tras gotas de sangre, la batalla parecía nunca acabar; sabía que aunque usará la Reaper para atacarlo su armadura era indestructible. Mientras ambos estuvieran juntos, una y otra vez, esa armadura se recuperaría Mientras él usase esa armadura, él era inmortal...
Mi armadura por lo contrario estaba llegando a su límite, pero no podía desconcentrarme… un movimiento en falso y podría cometer un error. En una batalla cualquiera un error puede ser vital; luchar contra Brander ya era un error…
La Flamenger no era un arma cualquiera, esta espada no era peligrosa por su excelente filo sino que era mortal debido a que el contacto con esta arma generaba un fuego incapaz de ser apagado hasta que consumiese el cuerpo completo. El único capaz de usar esta arma era Brander, su cuerpo era el único capaz de resistir el calor que emanaba esa espada y a su vez era el único que no se quemaba al contacto con la misma…
Aunque tuve la suerte de que ningún golpe me atinará, el calor generado por la espada y el uso de las técnicas elementales de Brander  eran asombrosas. Sin embargo, en un movimiento en falso, mi Reaper impacto contra la Flamenger, la onda expansiva fue tal que las montañas Altrust desaparecieron. En aquel impacto la Reaper  parecía cobrar vida, me exigía la vida de mi hermano. A partir de ese momento la batalla tomó un rumbo diferente…
Brander, aunque era inmortal y su energía estaba lejos de acabar, no tenía las mismas fuerzas que cuando comenzó la batalla; por el contrario, mis fuerzas comenzaron a superar el mismo límite elemental al cual mi hermano había llegado. Cada golpe que le atinaba parecía causarle un daño  muy profundo que tardaba en regenerar, mi velocidad superaba la de cualquier criatura en este mundo, a su vez, Xile parecía estar fuera de su propio control  destruyendo todo a su paso…
El desenlace será la memoria que nunca podrás olvidar mi querido aprendiz,  porque tú…
Las armas volvieron a impactar. Las bestias sagradas se consumían en su máxima expresión. Altrust estaba desolado: el suelo era el infierno hecho realidad, los inmensos huracanes se tragaban todo a su paso. El estado de mi hermano también era  inestable frente  a las profundas heridas; sin embargo, él  no perdía esa mirada de concentración. Si la batalla continuaba de esa manera, nunca se terminaría. Un tercer impacto se dio, giramos nuestras armas… el último recuerdo apareció: Brander enseñando a usar una espada. La Flamenger brillaba como nunca la vi brillar, La Reaper adquirió un color tan oscuro… tan profundo… incomparable. Xile y Aros parecían atacarse  sin control mientras caían del cielo hacia la tierra…
La Flamenger atravesó  mi pecho - mi Reaper ya no estaba - en ese momento sujetaba mi Starlock. Mi antigua lanza atravesó el corazón de Brander, nuestros ojos volvieron a mirarse, el rostro de mi hermano mostró una sonrisa y luego me dijo: “Tu siempre lo supiste”…
La cabeza de mi hermano cayó sobre mis hombros, sentía mis manos bañarse con la sangre de  Brander… mi corazón latía tan aceleradamente. En su último segundo de vida, él retiró su espada de mi pecho, la Flamenger se extinguió. A pesar de todo, mi hermano no tuvo la intención de matarme; sin embargo, yo sí…
La imagen fue impactante: mientras yo descendía sujetando el cuerpo de Brander, la sangre que  bañaba  mi Starlock  la trasformaba en La Reaper, mi armadura se tornaba de blanca a negra y mis alas las cuales se asemejaban a un ángel ahora se asemejaban a las de un demonio. Xile  estaba encima de Aros, aunque en esa condición Aros era la comida de Xile. Supongo que dejó de existir desde ese momento, su nueva apariencia representaba… El guerrero de la muerte descendía mientras su poder se incrementaba con la sangre de otro guerrero.
Supongo que tú ya… entonces clavaste la Flamenger en el pecho de Brander… tan listo como… jajajaja… Después de todo…
“¡Es suficiente!” -interrumpió una voz- “Es todo lo que necesitaba saber”.
Ambas voces se perdieron en el oscuro silencio.

jueves, 3 de febrero de 2011

La memoria

Pasó muy poco tiempo antes que mi poder se expandiese y me volviese el temor de mis hermanos; batalla tras batalla; muerte tras muerte. El destino conllevó a una batalla final. El destino, quien nos tornó hermanos en aquel lugar, cuando éramos huérfanos de batalla; aquel quien nos bendijo con el tiempo, fue quien decidió que nuestro lazo se rompiera en el mismo lugar donde prometimos estar siempre juntos. Altrust. El recinto de gloria nos recibió. Aún seguía inmaculado desde que lo dejamos, ni siquiera mi poder parecía haberlo afectado: ese jardín donde jugábamos y pasamos aventuras, donde recibimos el consuelo después de la pérdida de nuestros seres queridos en batalla, aquel lugar, en donde los elementos se habían encargado de regalar al hombre la belleza de la naturaleza, sería ese día nuestro campo de batalla…
La batalla era inevitable, Altrust estaba rodeado, podía divisar por el norte en estado de alianza a Aquos, Pyrus y Terran mientras que yo rodeaba la parte sur con mi propio ejército. En ejército éramos muchos menos, quizás miles; sin embargo, su ejército triplicaba  a los míos…
La batalla comenzó al atardecer, no obstante, mis hermanos no estaban con su ejército. Asumí que debían de estar esperándome en lo alto de las montañas Altrust. Me dirigí hacia ese lugar sintiendo como mi corazón dejaba de latir poco a poco, sentí que no me importaba lo que sucedía. Cuando llegue a aquellas montañas corroboré mi pensar, ellos me estaban esperando…
La distancia entre mis hermanos y yo marcaba el temor. El atardecer anunciaba la ruptura de un pacto, el silencio era el grito de los caídos, y la lluvia, el llanto de Dios. Los tres portaban sus armaduras; adelante estaba Leitan, aquél que recibió la bendición del agua, llamado el piadoso y justo, siempre me impresionaba lo alegre que podía estar ante las dificultades de la vida, pero en aquel entonces su rostro marcaba una seriedad imponente. A su lado derecho estaba Nate, el menor de los hermanos, quien fue bendecido por la tierra, el niño de todos, con aquella fortaleza que lo marcó desde pequeño, en esta ocasión esos ojos marrones marcaban furia y dolor, la impotencia de no poder hacer nada  irradiaba de sus puños cerrados, y; finalmente, detrás de ellos estaba Brander, quien me seguía en edad, menor que yo por meses, bendecido por el fuego, aclamado como el Guerrero por su perseverancia, era intachable y su paciencia casi tan similar a la mía…
Mis ojos chocaban con los ojos marrones de Brander, sus ojos parecían buscar las respuestas de mi conducta, su rostro tan calmado no mostraba ni enojo ni furia; al igual que yo, él era muy serio. A veces solía sonreír igual que Leitan, pero en esta ocasión  su rostro mostraba respeto; sus brazos cruzados, calma; mas yo sabía que estaba listo para luchar…
La  falta de control de Nate fue el comienzo de la lucha: Nate rápidamente intento acertarme un golpe; sin embargo yo era mucho más rápido de lo que nunca fui, logre esquivar el ataque y a la vez lanzarlo hacia una montaña. En respaldo, Leitan intentó conjurar algo, siendo él el más habilidoso en conjuros, logré acertarle un golpe en el pecho - lanzándolo hacia atrás – impidiendo que terminara el conjuro…
Brander seguía  sin moverse, con la misma actitud; fue cuando, de repente,  me alejé de ellos a una distancia prudente y  con un movimiento de mi mano logré despejar el cielo. Mi plan  comenzaría en ese momento: para poder mantener el poder del Vuelo Negro y poder romper la bendición de los elementos, la cual nos hacia iguales en poder  a mis hermanos y  a mí, debía de lograr alcanzar un nuevo poder; y yo sabía la solución. Tomé mi Lanza  y en un segundo de silencio, apuntando al cielo, ocasione un eclipse. El terror de mis hermanos era notorio, ellos sabían lo que haría, pero ninguno podía detenerme… corté el eclipse…
Aquella oscuridad propia de él, se desbordó hacia el cielo y la tierra, tomó el control de todos y cada uno de los pueblos; las criaturas y los hombres recordarían a partir de ese día quien es su nuevo dueño, quien es su nuevo rey…
Al romper el eclipse logré que el sello elemental que servía al sol y la luna, dejara de existir. A partir de ahora  el Vuelo Negro sería libre  para siempre. Toda criatura me serviría  a partir de ese momento, no existirían más guerras, no habría más dolor,  todos seguirían tan solo mi ideal. Tan solo un  camino existiría.
En el proceso sentía como aquella oscuridad invadía mi cuerpo pero no podía corromperme, era extraño sin duda, pero mi arma se vio alterada; su forma de lanza se tornó en guadaña, emanaba un poder como ninguno y la nombre “La Reaper”.
El horror de mis hermanos se transformó en odio; sin embargo el rostro de Brander aún permanecía impávido. Leitan y Nate  me rodearon con sus ojos manantes de furia. Tan solo era la señal de que habían perdido el control, “Una criatura que se basa en sus emociones, en un enfrentamiento es tan solo un  animal, siempre he pensado eso y siempre me causó fastidio;  con tan solo pensarlo creé dos clones míos; cada uno se abalanzo hacia ellos y desaparecieron en el aire…
Mientras yo me quedaba con Brander, mis clones se encargarían de mis hermanos, quienes fueron transportados a diferentes zonas. Con el primer clon llevé a Leitan a las islas Craos  en medio del Mar del Sur, aquel enfrentamiento comenzó con tanta prisa; Leitan, quien podía caminar  sobre el agua, se coloco en el agua y  dándole forma de dragón a esta, me la lanzó. Dado que yo podía volar, me alejé hacia el cielo y,  levantando mi mano de abajo hacia arriba, lancé una gran energía de viento que impactó sobre él; Leitan apareció atrás mío y me sujetó por la espalda, luego un pilar de agua nos envolvió  y caímos hacia el mar.
En las profundidades del mar, el poder de Leitan se incrementaba mientras que  para mí era muy dificultoso luchar  sin viento; sin embargo, ese juego de niños tenía que acabar. Tomé el control de la batalla cuando usé El Gran Vuelo, ocasionando que una inmensa cantidad de agua, en la zona donde estábamos, saliera disparada hacia el cielo; con rapidez salí volando… lo busqué en el mar y luego, prácticamente, impacté en él. Lo tomé del pecho y  usé El Cero Absoluto, una técnica que, para sorpresa de mi hermano, yo había aprendido.
El Cero Absoluto congeló a mi hermano dentro de un cristal; antes de que el clon se desvaneciera miré cara a cara a mi hermano, y comprobé que poco a poco mis deseos me gobernarían; luego  el hielo  se expandió y congeló todo a su paso, desde entonces el Mar del Sur  ha estado congelado…

El segundo clon  llevo a Nate al Bosque de las  ninfas. Nate sometido por su furia y confusión buscaba atinarme un golpe, pero el simple hecho de ser él lo incapacitaba para siquiera llevar a cabo una batalla digna de guerreros de nuestro nivel. En una oportunidad, llevado por su ira,  logró tumbarme hacia el suelo, como cuando éramos niños y jugábamos, sus ojos buscaban una respuesta, pero su puño levantado  buscaba venganza. “¿Por qué?” aquella pregunta aún lo convertía en un guerrero. Mi respuesta quizás no fue la más lógica para él: “Aun te falta mucho por entender”. Aquellas dos frases  fueron el inicio y el fin de  lo que podría ser un intento de recuperarme;  sin embargo, No podemos cambiar lo que somos, simplemente debemos avanzar.
En ese momento, Nate se levantó y tomó distancia de mí; aunque la prudencia no era una de sus virtudes, parecía ser que al fin comprendía esto. Nate, en un intento de tranquilidad,  se dispuso a luchar. Yo, aunque sentía que algo dentro de mí decía que no lo hiciera,  luche contra él, pudimos haber luchado usando nuestros poderes, pero no fue hasta el final cuando él uso “Nova Titán”.
Esa técnica tenía la capacidad de destruir un continente entero; no obstante, él todavía no la había perfeccionado, pero aún en ese estado sería capaz de causar un daño incalculable  al bosque. La técnica fue lanzada y parecía que por un lado sentía dolor por causarle daño a mi hermano, pero por otro sentía  que un placer por verlo caer me invadía poco a poco.
Cuando la técnica, que parecía tragarse el suelo y pulverizar todo a su paso,  estaba a punto de impactar conmigo,  mi cuerpo parecía no obedecerme y bajo su mismo control lo encaró, “Alas Dragón”. Aquel bosque fue despedazado por el choque de las técnicas.
En el suelo, Nate con su armadura en sangrentada  apenas podía moverse; no obstante, se levanto, esa insistencia pudo haber sido su ultimo error de no ser que el instante en el cual mi puño atravesaría su corazón, un recuerdo volvió a mi mente…
Ese vago recuerdo de cuando éramos niños, cuando la guerra comenzó  y nuestros caminos se cruzaron, él estaba enfermo  y yo  cuidaba de él… Sin embargo, podía sentir el latido de La Reaper, que poco a poco me consumía.
Nate con su puño ensangrentado se dirigió a mí, mi rostro  se torno serio después de aquel recuerdo, su puño choco con la palma de mi mano, sujetando su puño y levantando mis alas como una ave que caza a su presa,  hice que el viento girará alrededor nuestro, un tornado como el que nunca has visto  se tragaba todo a su paso. Cuando abrí mis ojos,  todo el campo era un desierto, la muerte misma había desolado la vida de aquel bosque y  el corazón del nuevo  terreno era  mi hermano cristalizado, un monumento para quien desafió a su hermano y un monumento para probar  que nada ni nadie podrían vencerme. Mis sentimientos aun  gobernaban mi voluntad, pero sentía como cada vez  estos sentimientos desaparecían…