Brander, quien aún se mantenía firme, se encontraba parado en el mismo risco desde que la batalla había empezado; pero algo era distinto en él…
Todavía recuerdo aquella conversación entre los hijos del sol y la luna; Brander me cuestionaba si era esto lo que quería, si acaso la gnosis había desaparecido en mí…; no dudé en responderle: “La única razón por la cual luchamos es porque nos alejamos de aquello que debemos proteger, la razón es que tarde o temprano uno de los cuatro terminará colocando sus intereses sobre los otros y quizás esta batalla es la única solución”…
En ese momento nuestras miradas lograron encontrar la respuesta… “Perdóname” –me dijo Brander con un tono de voz muy entristecido-. Le contesté que era demasiado tarde para recuperar un lazo que se había roto. A lo que él me contestó: “Siendo el mayor de ellos tres, yo debí haber precavido esto; sin embargo, al igual que ellos, tan solo me dediqué a actuar como rey y no como tu hermano. Sé que esto no cambiará esta guerra y sé que nada hará que te detengas, pero no solo soy tu hermano, también soy un guerrero y, en este caso, el único que puede detenerte”…
Aquella batalla fue diferente de las que tuve con Leitan y Nate. Brander había superado aquellas limitaciones que los cuatro estábamos llamados a vencer para poder alcanzar la gnosis. A diferencia mía, quien fui bendecido con ella desde el día en que nací, Brander siempre se ocupaba de desarrollarla pues él sabía que era la única forma de alcanzarme. De la misma manera, yo tuve que esforzarme siempre en aprender el arte de ser un guerrero, lo cual Brander dominaba a la perfección desde pequeño…
Esa relación de competencia fue, en ese momento, la que decidió cuál de los dos sería el ganador…
Ambos, con un movimiento, convocamos a nuestras esencias, la tierra y el cielo se estremecieron; sobre el cielo dos círculos de invocaciones surgieron. Dos de las cuatro Bestias Sagradas fueron llamadas al campo para luchar entre sí… dos de las criaturas más poderosas se encontraban amenazando la existencia de cualquier ser viviente a su paso. Xile, el dragón del norte, “El colmillo del viento” y Aros, el fénix del oeste, “Los ojos del fuego”. El rugido de Xile interrumpió el silencio y el brillo de Aros iluminó la profunda oscuridad…
La batalla comenzó. Brander desenvainó su Flamenger ataque tras ataque, gotas de sangre tras gotas de sangre, la batalla parecía nunca acabar; sabía que aunque usará la Reaper para atacarlo su armadura era indestructible. Mientras ambos estuvieran juntos, una y otra vez, esa armadura se recuperaría Mientras él usase esa armadura, él era inmortal...
Mi armadura por lo contrario estaba llegando a su límite, pero no podía desconcentrarme… un movimiento en falso y podría cometer un error. En una batalla cualquiera un error puede ser vital; luchar contra Brander ya era un error…
La Flamenger no era un arma cualquiera, esta espada no era peligrosa por su excelente filo sino que era mortal debido a que el contacto con esta arma generaba un fuego incapaz de ser apagado hasta que consumiese el cuerpo completo. El único capaz de usar esta arma era Brander, su cuerpo era el único capaz de resistir el calor que emanaba esa espada y a su vez era el único que no se quemaba al contacto con la misma…
Aunque tuve la suerte de que ningún golpe me atinará, el calor generado por la espada y el uso de las técnicas elementales de Brander eran asombrosas. Sin embargo, en un movimiento en falso, mi Reaper impacto contra la Flamenger, la onda expansiva fue tal que las montañas Altrust desaparecieron. En aquel impacto la Reaper parecía cobrar vida, me exigía la vida de mi hermano. A partir de ese momento la batalla tomó un rumbo diferente…
Brander, aunque era inmortal y su energía estaba lejos de acabar, no tenía las mismas fuerzas que cuando comenzó la batalla; por el contrario, mis fuerzas comenzaron a superar el mismo límite elemental al cual mi hermano había llegado. Cada golpe que le atinaba parecía causarle un daño muy profundo que tardaba en regenerar, mi velocidad superaba la de cualquier criatura en este mundo, a su vez, Xile parecía estar fuera de su propio control destruyendo todo a su paso…
El desenlace será la memoria que nunca podrás olvidar mi querido aprendiz, porque tú…
Las armas volvieron a impactar. Las bestias sagradas se consumían en su máxima expresión. Altrust estaba desolado: el suelo era el infierno hecho realidad, los inmensos huracanes se tragaban todo a su paso. El estado de mi hermano también era inestable frente a las profundas heridas; sin embargo, él no perdía esa mirada de concentración. Si la batalla continuaba de esa manera, nunca se terminaría. Un tercer impacto se dio, giramos nuestras armas… el último recuerdo apareció: Brander enseñando a usar una espada. La Flamenger brillaba como nunca la vi brillar, La Reaper adquirió un color tan oscuro… tan profundo… incomparable. Xile y Aros parecían atacarse sin control mientras caían del cielo hacia la tierra…
La Flamenger atravesó mi pecho - mi Reaper ya no estaba - en ese momento sujetaba mi Starlock. Mi antigua lanza atravesó el corazón de Brander, nuestros ojos volvieron a mirarse, el rostro de mi hermano mostró una sonrisa y luego me dijo: “Tu siempre lo supiste”…
La cabeza de mi hermano cayó sobre mis hombros, sentía mis manos bañarse con la sangre de Brander… mi corazón latía tan aceleradamente. En su último segundo de vida, él retiró su espada de mi pecho, la Flamenger se extinguió. A pesar de todo, mi hermano no tuvo la intención de matarme; sin embargo, yo sí…
La imagen fue impactante: mientras yo descendía sujetando el cuerpo de Brander, la sangre que bañaba mi Starlock la trasformaba en La Reaper, mi armadura se tornaba de blanca a negra y mis alas las cuales se asemejaban a un ángel ahora se asemejaban a las de un demonio. Xile estaba encima de Aros, aunque en esa condición Aros era la comida de Xile. Supongo que dejó de existir desde ese momento, su nueva apariencia representaba… El guerrero de la muerte descendía mientras su poder se incrementaba con la sangre de otro guerrero.
Supongo que tú ya… entonces clavaste la Flamenger en el pecho de Brander… tan listo como… jajajaja… Después de todo…
“¡Es suficiente!” -interrumpió una voz- “Es todo lo que necesitaba saber”.
Ambas voces se perdieron en el oscuro silencio.

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